¿FUNCIONAN REALMENTE LAS APLICACIONES DE TRADUCCIÓN?

¿FUNCIONAN REALMENTE LAS APLICACIONES DE TRADUCCIÓN?

Hace unos días cayó en mis manos un interesante artículo de Kevin Rawlinson para “BBC News” titulado “Lost in translation: do interpreter apps work?”. Comienza Rawlinson recordándonos lo que los grandes de la tecnología como Google o Microsoft vienen afirmando desde hace tiempo: Que sus aplicaciones de traducción van a eliminar para siempre las barreras idiomáticas. Mientras estas grandes empresas y otras más pequeñas de la competencia presumen de la calidad de sus “traductores”, subyace, afirma el periodista británico, una pregunta elemental: ¿funcionan realmente?

Para comprobarlo, Rawlinson se marchó a Bilbao con una selección de apps de traducción bajo el brazo y una serie de desafíos fijados por sus colegas de la sección de tecnología de la BBC. Veamos, a modo de resumen, la primera de estas pruebas. Se trataba de encontrar el Museo Guggenheim y preguntar cuál era su obra de arte más valiosa. Rawlinson no tuvo ningún problema para llegar al museo, de hecho, otra app de Google se ocupó de ello. Sin embargo, no fue tan fácil hacer comprensible su pregunta.

Museo Guggenheim de Bilbao

Museo Guggenheim de Bilbao

Como el Traductor de Google aún no admite el euskera, el periodista utilizó la opción Inglés-Español. Según afirma, a pesar de las casi perfectas condiciones acústicas, tuvo problemas para comunicar frases relativamente sencillas. Así, continúa, la frase “OK, so I’ve arrived at the Guggenheim and I’m here with Begoña and I have to ask her a question, according to my list of things to do” (“Ok, he llegado al Guggenheim y estoy con Begoña y tengo que hacerle una pregunta de mi lista de tareas”), se tradujo en un incomprensible, “Ok el ascenso al Guggenheim y y y tengo ácido? Sobre mi lista de tareas” (“ok so the rise of the guggenheim and and and i have got acid? On my list of things to do.”).
En cuanto a la segunda pregunta, es decir, cuál era la obra de arte más valiosa (o más cara) del museo, los resultados de Rawlinson tampoco fueron perfectos:

app_guggenheim
Aunque en este segundo caso, como afirma el periodista, el resultado fue al menos comprensible, no comenzaba su pequeño experimento con muy buen pie.
El resto de las pruebas las puede leer el lector interesado en el artículo completo, cuyo enlace que he colocado al inicio.
En sus conclusiones, el periodista británico indica que pese a lo lucrativo del negocio (según un reportaje del periódico “The Economist” que él mismo cita, el sector de la interpretación de idiomas genera unas ventas anuales en torno a los 37.000 millones de dólares), su experiencia en Bilbao le sugiere que aún queda lejos un traductor automático realmente potente.
Citando al profesor Joseba Abaitua de la Universidad de Deusto, especialista en comunicación online, comunicarse con alguien por medio de un Smartphone en lugar de cara a cara siempre va a ser un asunto delicado. Pero, añade, las apps serán más eficaces a medida que la gente se acostumbre a su uso. “Tienes que saber que estás hablando con un reconocedor de voz, una máquina”. Así, el profesor Abaitua añade en su entrevista con Rawlinson que “la máquina puede comenzar entendiéndote bastante bien y, si tus frases son cortas y bien vocalizadas, el sistema de traducción puede hacer un buen trabajo”. Pero, cuando entran en juego las expresiones coloquiales, añade, “todo el sistema se viene abajo”.
Además, los traductores online tienen que mejorar mucho en el reconocimiento de los distintos acentos y formas de hablar de la gente. Por último, Rawlinson nos recuerda que estos traductores basados en los Smartphone también tienen importantes limitaciones técnicas, como su dependencia del acceso a Internet y la duración limitada de la batería del móvil. Vamos, que prometen más de lo que realmente pueden ofrecer, lo que no deja de ser una buena noticia para traductores e intérpretes.

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