LA BIBLIA DEL OSO: LA BIBLIA TRADUCIDA AL ESPAÑOL POR CASIODORO DE REINA EN EL SIGLO XVI

LA BIBLIA DEL OSO: LA BIBLIA TRADUCIDA AL ESPAÑOL POR CASIODORO DE REINA EN EL SIGLO XVI

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A finales del pasado mes de julio, el escritor y académico Antonio Muñoz Molina publicaba un interesante artículo en Babelia, el conocido suplemento cultural del diario El País, sobre una obra maestra escondida de la literatura española: la traducción al español de la Biblia realizada por Casiodoro de Reina en el tumultuoso siglo XVI

Casiodoro de Reina (Montemolín 1520-Fráncfort 1594) fue monje jerónimo en el monasterio de San Isidoro del Campo en Sevilla, uno de los focos de “luteranismo”  en España, hasta el punto de atraer sobre sí la atención de la Inquisición. El Nuevo Testamento de Juan Pérez de Pineda y otras obras protestantes, traídas de contrabando por el valeroso Julianillo Hernández, eran el alimento cotidiano de los frailes de aquel convento. Convertido al protestantismo, pronto tuvo que huir de la Inquisición, refugiándose en Ginebra, donde tampoco encuentra acomodo: la condena de Servet y la rigidez imperante le llegan a hacer decir que Ginebra se ha convertido en una nueva Roma. Se marcha a Fráncfort y, de alli a Inglaterra, donde comienza sus trabajos de traducción de la Biblia en lengua castellana. Calumniado, huye a Amberes y, poco después, de nuevo a Fráncfort donde reanuda los trabajos de traducción la Biblia al castellano. En Basilea traduce el Nuevo Testamento e imprime la Biblia entera en 1569. Es la primera traducción de la Biblia al castellano a partir del hebreo y del griego y fue conocida como La Biblia del Oso, por aparecer un dibujo con este animal en su portada. Casiodoro murió en Francfort en 1594. La Inquisición lo quemó en efigie en el auto de fe celebrado en Sevilla en 1562 y sus escritos fueron puestos en el Índice de Libros Prohibidos.

Biblia del Oso

“Imagino un idioma cuya literatura tiene un gran espacio en blanco en el centro: la obra maestra de la literatura en ese idioma permanece oculta durante siglos, olvidada o prohibida; el nombre de su autor no lo conocen más que dos o tres eruditos. El problema más grave no es la injusticia del desconocimiento, la falta de recompensa por un esfuerzo y un logro que fueron irrepetibles; más grave que la injusticia es la pérdida para ese idioma y para esa literatura, toda la fecundidad que no condujo a nada, todas las influencias que una obra así podía haber irradiado. Hay que pensar en qué habría sido la literatura en inglés, y hasta la misma lengua inglesa, sin la King James Bible, la traducción directa al inglés que se publicó en 1611. No habría habido Milton, ni William Blake, ni los suntuosos oratorios de Haendel, ni Moby-Dick, ni Walt Whitman, ni una parte de James Joyce, ni Faulkner, ni los Negro Spirituals, ni los discursos arrebatadores de Martin Luther King”, señala Antonio Muñoz Molina con respecto a la Biblia del Oso y al imperdonable olvido al que se ha visto relegada, víctima aún de siglos de intolerancia religiosa.

“Que sea desconocida para casi todo el mundo es una de las calamidades de nuestra literatura, y de nuestro idioma. Como tanto de lo mejor que ha dado nuestro país, la Biblia de Casiodoro de Reina es un fruto de la heterodoxia y el destierro”, concluye el académico español.

 

 

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