TRADUCIR ES CLAVE

TRADUCIR ES CLAVE

Hace unos días caía en nuestras manos un interesante artículo de opinión firmado por el profesor argentino Alberto Benegas Lynch. Comenzaba el mismo recordando sus años de rector de ESEADE y director de Libertas, la revista académica de esa casa de estudios “… en cuya faena me percaté más claramente de la importancia medular de la buena traducción de textos. Recuerdo que cuando seleccionaba traductores/as aparecían personajes exhibiendo tarjetas donde se consignaba esa profesión en una tipografía más o menos llamativa pero al inquirir cual era la especialidad, en la mayor parte de los casos respondían que podían hacer el trabajo en cualquier rama del conocimiento, lo cual resultaba suficiente para descartar al postulante de marras”.

Para apoyar el papel crucial de la traducción, cita a la escritora argentina Victoria Ocampo que  decía aquello tan obvio, pero no menos cierto, de que “no puede traducirse a puro golpe de diccionario” ya que la traducción literal desfigura y degrada el texto”. Continúa indicando que “sin duda los problemas graves se suscitan en la poesía que es mucho más difícil de traducir que la prosa (aunque Borges sostiene que es más fácil componer un poema que escribir en prosa puesto que en el primer caso es cuestión de seguir la regla de la rima), para no decir nada de los modismos que ya de por si complican la traducción de la prosa y que se suman otras acrobacias en la poesía”.

Apuntaba la escritora danesa Elsa Gress, señala el profesor Benegas que “sin traducciones la civilización occidental desde la antigüedad en adelante resultaría inconcebible en su forma actual” para concluir que “es mucho más fácil reescribir el texto en otra lengua que traducirlo”. “Por otra parte”, reflexiona el articulista “la traducción es un buen antídoto contra las culturas alambradas propias del nacionalismo puesto que fortalece la unión y el vínculo entre procesos que siempre consisten en donaciones y recibos en un contexto cambiante. Esto es así aunque aparezcan vallas formidables en el intento de trasponer un contexto cultural y extrapolarlo con el debido cuidado y con las necesarias notas aclaratorias”.

Continúa con interesantes referencias de intelectuales ilustres que como “Ortega y Gasset en su estudio sobre la traducción, entre otras cosas insiste en que el traductor debe respetar no solo lo que se dice en el texto sino lo que no se dice, es decir los silencios del autor que más de una vez son insolentemente ocupados por la fantasía del traductor”. O el méxicano Octavio Paz que decía: “aprender a hablar es aprender a traducir, cuando el niño pregunta a la madre por el significado de esta o aquella palabra, lo que realmente le pide es que traduzca a su lenguaje el término desconocido”.

El artículo completo se puede encontrar en este link:

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